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29 de mayo de 2014

Duele

Duele.

Duele saber que estás lejos y que hace un tiempo que no gozo de tu presencia. 

Duele. 

Duele el intentar recordarte y sentir como tus ojos, tu rostro, tu figura, se va desdibujando de mis sentidos tal y como los niños borran los dibujos del encerado, tanto es el tiempo que se me antoja sin verte. 

Duele. 

Duele más aún conocer de tu sufrimiento, de tu dolor, de tus interminables noches en vela cargadas de una negrura espesa. 

Duele. 

Duele saberte en pos de una arriesgada utopía que intentas alcanzar desesperadamente extendiendo tu mente en su máxima intensidad, fuera de tu ser, lejos de la dimensión en que habitas. 

Duele. 

Duele el sentir que no estoy, que no puedo estar a tu lado para besarte, mimarte, protegerte entre mis brazos tal y como cuando eras niño y poder así mitigar tanto dolor. 

Y lo que más duele es esta verde esperanza que a veces se vuelve negra al desear con todas mis fuerzas que lo consigas. 
Te quiero tanto….

Imagen: "Solo y Vacío" - JeanBlaze - Deviantar

2 de septiembre de 2011

Dorados


Dentro de poco comenzarán a amarillear las hojas de la Albizia de Constantinopla y a dorarse las bayas de la Pyracantha para deleite de los mirlos mañaneros. Pronto, muy pronto todo lucirá dorado: el cielo en los amaneceres y atardeceres, los árboles se teñirán de oro y el suelo aparecerá alfombrado con un lecho ocre y crujiente.

Otoño en la vida, otoño en mi vida como contrapunto de la primavera de la tuya.

Cuantos otoños vividos a tu lado, viendo como crecías con cada uno de ellos hasta desprenderte de mis brazos y comenzar a vivir los tuyos sin necesidad de mí.

*Foto de Aquí

26 de julio de 2011

Impotencia

Ha habido hoy para mí momentos angustiosos, llenos de incertidumbre. Recordé el negro abejorro que esta misma mañana volaba en derredor de mí. Se había colado por la ventana y torpemente se golpeaba una y otra vez contra el vidrio queriendo volver al exterior. Yo lo tomé delicadamente con un pañuelo y lo devolví al aire.
Ahora pienso que ese fue un presagio de que yo también llegaría, en tan sólo unas horas, a sentirme apresada.

Me sobrecoge pensar que aunque insignificante, se pueda de nuevo abrir una brecha entre nosotros y llegue a hacerse abismal.
Es difícil el papel de madre aún cuando el hijo sea como tú, todo un hombre.

Siempre han imperado en mí sentimientos de fracaso e impotencia.

Al atardecer salí fuera para perderme dentro de la tarde que moría. Me senté junto a un pino y me cubrí el rostro con las manos. Por entre mis dedos distinguí una hormiga que pasaba junto a mi pié arrastrando una mosca muerta. La hormiga no tenía camino y trataba de elevar la mosca con gran dificultad, sobre piedras que para ella serían como gigantes. Y no se detenía, tanteaba con sus patas el terreno y buscaba penosamente donde apoyarse, para tirar, para avanzar con aquel insecto sin vida que sería su alimento.
Era ya tarde, casi anochecido, pero parecía no importarle el tiempo ni la noche; sólo conseguir arrastrar aquella mosca que la pudiera alimentar. Era su vida lo que defendía a costa del gran esfuerzo y sacrificio.

Yo sentí entonces una rabia tremenda de no tener tesón para saber llevar determinadas situaciones que me embargan de un pánico infinito y sin sentido.

Foto de Aquí

9 de mayo de 2011

Primavera

De repente las tardes de esta mediada primavera han comenzado a tornarse calurosas, dejando en un adormecido olvido la lluvia y el frío casi invernal de días pasados. Hace bochorno, presagio de un incipiente verano.
Salgo a buscarte y me encuentro con los pinos de frondosas copas que nos rodean, olor a resina y a piñas en el aire. Mis pies pisan las agujas que de ellos se desprenden y su crujir rompe el murmullo silencioso de la tarde. A ti no te encuentro.

Te llamo y al sonido de mi voz se desbandan asustados una familia de mirlos que picoteaba las moras de la morera, negro batir de alas, manchas azabaches contrastando con el azul blanquecino del cielo.

De repente te veo, allá abajo, tendido en el verde y fresco césped;  juegas con tu perra, igualmente negra, como los mirlos.

Hago un intento de acercarme pero me contengo, prefiero mirarte a escondidas y disfrutar de tus juegos con ella: le lanzas un palo y ella rauda lo recoge y te lo devuelve, fiel al juego, fiel a ti.

Entonces mi mente retrocede y mezcla  las imágenes actuales que miro con aquellas otras, idénticas, de tu infancia cuando jugabas con el perro San Bernardo.
Ha pasado el tiempo pero ante mis ojos sigues siendo aquél niñito tímido de lentes redondas que me miraba amoroso detrás de sus cristales.

Y te vuelvo a ver como aquél niño que eras, y me doy cuenta de que te sigo sintiendo como a un niño a pesar de tu madurez. Mi niño.

Imagen de Aquí

23 de abril de 2011

Claridad

Efectivamente estaba equivocada. El tiempo pasó y me dejó una visión de claridad que ha disipado todos mis temores, temores sin fundamento como bien me has hecho entender.

Paradojas de la vida de las que no somos totalmente conscientes: cuando eras pequeño yo tenía que sacarte de los temores de niño que te acosaban, figuras fantasmagóricas que se colaban de noche en tu cuarto y te robaban el sueño.

Ahora, sois tú y tu madurez los que me sacan a mí de los míos.

Imagen de Aquí

2 de abril de 2011

Café


 
No termina de clarear del todo el día; las brumas emploman la mañana y el cielo permanece escondido sobre una capa mortecina y plomiza que lo opaca. 
Hay atisbos en puntos extremos, de un intento de abrirse camino entre la blanca espesura. Vana pretensión, todo permanece obtuso.
Se ven perladas las hojas amarillentas del avellano, gotean las trompetas de la dátura y se humedece la yerba ante la neblina que osa cada vez más rozar el suelo.


Salgo y te llamo para compartir juntos una humeante taza de café, pero no estás. Ahora ya hay alguien que me sustituye.

Has crecido.


Foto de Aquí

12 de agosto de 2010

Caracol

Hoy, quizás por primera vez, he sabido meterme dentro de tu piel y al menos creer sentir lo que tú sientes. Un cúmulo de sentimientos se ha apoderado de mí, sentimientos revueltos e incluso contradictorios, pero sobre todo de comprensión y culpabilidad.

No he sabido. Realmente nunca he sabido (y desgraciadamente jamás sabré), contar hasta diez antes de actuar o reaccionar. Demasiado impulsiva, demasiado pasional, demasiado inconsciente.
Cuanto me duele el daño que te hago y el que he podido hacerte; cuanto desearía poder pedirte ese perdón que tanto deseo y necesito. Pero sé que tú eres ahora inaccesible a ello. Como un caracol asustado te has escondido en tu concha y segura estoy que ninguno de mis intentos llegará a buen puerto.

Ahora te siento como aquel adolescente al que no era capaz de llegar. Tú has puesto mucho más que yo en esto, has sido tú el que dio el primer paso hacia el acercamiento.
Yo lo he tirado todo por la borda.

Foto de Aquí

1 de julio de 2010

Bouganvilla

De nuevo volví a sentir la impotencia de antaño, llena de dudas e incertidumbre. Aún no he aprendido que yo soy yo con todas sus consecuencias. Aceptarlo es un duro reto para mí.
Son esos los momentos en los que intuyo o siento que el muro se vuelve a abrir entre nosotros.
No cuentan aquí los recuerdos de tu infancia cuando yo podía manejar todas y cada una de las situaciones, solucionarlas y superarlas.

- Mami tengo miedo de la ventana, creo que hay algo fuera.
- Tranquilo mi niño. Es la rama de la bouganvilla que se mece con el viento.

Ahora es distinto. No son tus miedos, sino los míos. Mis miedos a desandar lo andado y volver a perder esa complicidad que nos unía últimamente.
A veces parece que se desvanece por momentos. Y eso me produce miedo.
Lo mismo que a ti la rama de la bouganvilla.

Foto de Aquí

29 de diciembre de 2009

Desconcierto

De nuevo la lluvia azota con fuerza. Estos últimos días han sido todos semejantes, como aquellos de un final de octubre en los que casi llego a inundarse todo y el agua lo impregnó todo de barro.
Acaso pretendo a asimilar una cierta similitud en estos días con aquellos de entonces, cuando algo incomprensible para mí bailaba con burla entre ambos.


Tiendo a veces, como ahora, ahora a sentir lo mismo, percepciones que se escapan a mi comprensión y me hacen nadar en la duda y la inseguridad.


Es tu ir y venir el que me desconcierta, el que no entiendo, el que hace que se me escape el alma.
Por momentos te siento tan niño, tan cerca como antes y segundos después te escapas de mi regazo como si yo misma quemara.


Pero sabes que yo estaré siempre aquí aun que no quieras sentirme, esperando a que vuelvas como otras veces.
Como solo sabe esperar una madre.




Foto de Aquí

8 de diciembre de 2009

Vuela



Vuela hoy en busca de la salubridad del aire, y déjate llevar por la suavidad del viento. El mar y el viento siempre te dieron vida.


Ahora me siento tranquila, contrariamente a como me sentí en otros momentos pasados, cuando andabas sobre las olas, empujando por el viento y la vela.


Intuyo, sé, que la madurez habitó en ti suplantando la inocencia de aquel niño que fuiste, que gozaba volando el pandero, y mojando tus pequeños pies en las saladas aguas del Estrecho.


Bendita inocencia, bendita madurez.
Bendito tú.
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